Por Moisés Navarro

Al fondo de la zona, al filo de la barranca, otro parque apenas sobrevive: el Parque Mirador Miguel Hidalgo y Costilla, que sufrió una mutilación para sostener un museo del cual sólo existen castillos que están rodeados de pasto seco; el parque también cuenta con un foro para pequeños espectáculos con el impresionante fondo natural detrás/Foto: Archivo Página 24

Al fondo de la zona, al filo de la barranca, otro parque apenas sobrevive: el Parque Mirador Miguel Hidalgo y Costilla, que sufrió una mutilación para sostener un museo del cual sólo existen castillos que están rodeados de pasto seco; el parque también cuenta con un foro para pequeños espectáculos con el impresionante fondo natural detrás/Foto: Archivo Página 24

Al entrar al lugar el clima es diferente. Se siente mucho más fresco, el aire entra con menos dificultad a los pulmones. No es un gran parque pues ha sufrido de un abandono doloso por parte de las autoridades. Algunos de ellos, incluso, se han atrevido a llamarle baldío. No lo es, desde luego. Cuenta con juegos infantiles y asadores para el día de campo. A la entrada, por la Calzada Independencia se lee con claridad: Parque Natural Huentitán. A su costado convive el Zoológico Guadalajara que llegó a la zona en el año de 1988, Selva Mágica y el Planetario Severo Díaz Galindo ―hoy saqueado y abandonado― inaugurado en 1982.

Recuerdo, años antes, que había un cementerio de patrullas del ayuntamiento de Guadalajara al filo del parque, por Periférico Norte. No está más ahí. Sin embargo, al interior existe un cementerio de árboles que fueron talados con el pretexto de ser viejos y enfermos. Los vecinos han limpiado el parque, han realizado eventos y se han apropiado de él ante la múltiple amenaza de Iconia, palenque, hotel y estacionamiento para que ahí se alberguen las Fiestas de Octubre.

Al fondo de la zona, al filo de la barranca, otro parque apenas sobrevive: el Parque Mirador Miguel Hidalgo y Costilla sufrió una mutilación para sostener un museo del cual sólo existen castillos que están rodeados de pasto seco. Antes de que iniciaran las obras, en el sitio estaba una cancha de futbol, otra de basquetbol y un jardín lleno de árboles y flores. Detrás de ahí está una pequeña fonda con el paisaje más bello e imponente que tenga Guadalajara: La Barranca de Huentitán, uno de los últimos lugares que nos quedan para la contemplación y el silencio.

No fue hasta la década de los sesenta que la Calzada Independencia llegó hasta el filo de la barranca. Esta acción se realizó gracias a la iniciativa del entonces gobernador del estado, Juan Díaz Galindo. Fue entonces que se inició la construcción del Centro de Arte, Arquitectura y Diseño y el Parque Mirador, el cual, además de lo ya mencionado, cuenta con un foro para pequeños espectáculos y una serie de balcones para observar ese lienzo impresionante que es la barranca.

Huentitán se mantuvo como una zona con pocos cambios durante mucho tiempo. Sólo era conocida por ser el lugar de origen de Vicente Fernández.  En 2008 se iniciaron las obras del Macrobús. Después apareció una agencia de automóviles, dos supermercados, y una pequeña plaza comercial donde antes hubo un corral de gallinas repleto de chatarra.

Recuerdo una de las memorias del escritor y alguna vez gobernador de Jalisco, Agustín Yáñez. Su familia iba de campo a la Barranca, viajaban en carretones jalados por caballos y cambiaban de transporte por burros que les ayudaban a bajar el escarpado. La madre de Agustín advierte que se viene una tormenta. Nadie la escucha pues el cielo está despejado; sin embargo, el movimiento de las nubes y la sensación del aire se lo indican. Toma a Agustín y se lo lleva. El resto de la comitiva decide también moverse. Entonces: “Un trueno de asustar estremeció la barranca. Siguió un silencio como de un cuarto de hora. Ya no se oía ni el río allá abajo; ni los pájaros, como en la mañana que casi aturdían a los árboles […]. No iríamos a la mitad de la barranca cuando nos agarró otro relámpago terrible […]. Y ahora siguieron, cada segundo, los relámpagos y los truenos; parecía que iba a desgajarse la barranca. […] A todo esto, el viento era terrible: corriendo por la barranca aullaba como dicen que aúlla el diablo, y sacudía los árboles con furia de loco o de endemoniado. –Es una culebra…”

Gotas de lluvia invernal caen sobre el Parque Mirador. Olvidé la maldita chamarra.