Por Andrea Moreno*

Largas filas para recibir atención médica son la constante en las instituciones de salud pública de los países latinoamericanos, donde es latente la desatención de las autoridades/Foto: Cortesía

Largas filas para recibir atención médica son la constante en las instituciones de salud pública de los países latinoamericanos, donde es latente la desatención de las autoridades/Foto: Cortesía

Hace unas semanas, fui a visitar a una amiga que había sido llevada a urgencias debido a una “piedra en el riñón”. Era uno de los hospitales públicos más grandes e importantes de Guadalajara. La primera imagen que se me viene a la mente es la de un gran número de personas sentados en el estacionamiento, donde llegan las ambulancias con todos los heridos de urgencia, haciendo fila, esperando hora tras hora para hacer atendidos. Una vez dentro del área de urgencias, tuve un par de sentimientos encontrados; tristeza al ver toda esa gente que llega a ese lugar en busca de esperanza, pero también un poco de impotencia al ver las condiciones donde se encontraban. Podría decir que también el hecho de ver la indiferencia por parte del personal del hospital, no de todos, pero sí de muchos, hacia los pacientes y su familia me provocó un cierto enojo, pero al ver aquellas condiciones en las que laboran, pude entender esa frialdad que abunda en el hospital.

Toda esta experiencia me llevó a pensar cómo serían los demás los otros sistemas de salud pública en Latinoamérica, ¿acaso seríamos los únicos que presentamos esas

deficiencias? ¿esa fragmentación en el sistema que afecta a los grupos más vulnerables, hablando tanto socialmente como económicamente? Al momento de querer contestar estas preguntas, el primer país en el que pensé fue Venezuela, ya que los periódicos en línea, las radiodifusoras y gran parte de los noticieros narraban la situación dantesca que se vivía a causa de la crisis.

El año pasado, el periódico británico BBC publicó un reportaje sobre la situación infrahumana que se vivía dentro de los hospitales venezolanos. Las personas, al ver las imágenes llenas de sufrimiento y desolación, eran capaces de entender la razón por la cual lo venezolanos piden ayuda a gritos: no hay suficientes camas para todos aquellos que ingresan, hay una escasez inimaginable de medicinas, todos las máquinas, si es que hay, no sirven porque el hospital ya no cuenta con una infraestructura eléctrica eficiente, entre otras cosas. Algo que me dejó realmente impactada fue que, a pesar de que al ser un servicio público y que el gobierno tiene la obligación de cubrir los gastos que implica brindar este servicio, la crisis ha causado que todas las familias, sin importar su estatus económico, tengan que verse en la situación de salir a comprar los insumos necesarios para llevar a cabo el procedimiento quirúrgico o el tratamiento del paciente. Tales insumos son desde jeringas hasta antibióticos o medicamentos, y su precio es exorbitante, tomando en cuenta el valor de la moneda local ante el dólar. Estas condiciones logran evidenciar un colapso tanto en el sistema de salud pública como en los demás rubros del Estado venezolano.

Este colapso deja entrever un sinfín de problemas que siguen amenazando el bienestar, y claramente, el derecho a la salud de la toda la población. Uno de estos problemas está presente en las instituciones encargadas de brindar el servicio de salud y es la tendencia negativa en indicadores tales como accesibilidad, cobertura y eficiencia.

¿Y el resto de América Latina? 

Algo que creo que fue interesante en cierto sentido, fue que mientras más iba leyendo sobre políticas públicas del sector de salud público, me di cuenta que no sólo el sistema venezolano estaba fragmentado, sino varios países de Latinoamérica y el Caribe presentaban las mismas condiciones. Y, a todo esto creo que es imperativo preguntarse cuáles han sido las consecuencias de tener este sistema de salud que evidentemente se  volviendo decadente. De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y Caribe (Cepal), los dos problemas de salud que lideran la larga lista es la alta morbimortalidad materno infantil, presente sobre todo en los países de Perú, República Dominicana, Guatemala y Bolivia, y las enfermedades infecciosas que se transmiten vía vectorial, tales como malaria o dengue, y estas tienen gran prevalencia en Honduras, Perú o El Salvador.  Por otro lado, el grupo de enfermedades que continuamente su número de casos crece, y de manera alarmante para países como Chile, Panamá o Colombia, son las enfermedades crónico degenerativas, como lo son la diabetes mellitus tipo II e hipertensión.

Con esta información se observa una importante diferencia entre los distintos sistemas de salud, y es que en los países menos desarrollados de América Latina y con un menor ingreso per cápita se presentan problemas de atención primaria como lo es la alta mortalidad materna. Y en contraste hay países económicamente más fuertes cuyo su problema más grande de salud se centra en enfermedades crónicas.  Si bien es cierto, existen diferencias entre todos los sistemas, entre aquellos cuya población es en mayor parte pobre y padece altos índices de violencia y aquellos países que logran su desarrollo y estabilidad económica a través de la clase media alta.

Sin embargo, existe una característica presente en el sistema de la mayoría de los países latinoamericanos y es que son muy inequitativos en cuestiones de accesibilidad y calidad del servicio. Citando a la Cepal, las autoridades de los gobiernos de estos países afirman que el sector menos afectado por todos los problemas de salud anteriormente mencionados es el sector no pobre. Esto debido a que gracias a su capacidad de gasto, pueden ampliar su accesibilidad a los sistemas de salud, ya sean públicos o privados. Esta desigualdad ya no sólo se base en las diferencias socioculturales o por la zona geográfica en la que uno se encuentra, sino también el ingreso se ha vuelto una variable al momento de querer recibir un servicio de salud de calidad.

Otra razón por la cual la salud se ha vuelto un derecho para unos cuantos es la gran cantidad de grupos étnicos, una característica de todos los países latinoamericanos, debido a que estos presentan un gran nivel de analfabetismo y/o monolingüismo que impiden que estos accedan a un servicios médicos básicos.

A todo esto podríamos asegurar que no existe ningún sistema de salud en todo América Latina y el Caribe que tenga una accesibilidad y cobertura al 100 por ciento. Aunado a este problema, también es muy visible que por las condiciones de gran parte de la población en general no se cuenta con el ingreso suficiente para poder costear los seguros privados que, en términos generales, deberían brindar servicios de calidad aunque vemos que en muchos de los casos el servicio sigue siendo deficiente.

Por lo tanto, creo que una de las maneras para poder empezar a cambiar este sistema de salud fragmentado y desigual por uno que sea accesible para todos, sin importar su lengua, ingreso, edad o género, es que el gobierno opte por crear reformas que promuevan la descentralización del servicio, permitiendo que terceros brinden el mismo y así, la competencia generaría una reducción del costo de los servicios médicos en general, permitiendo que el acceso sea aún más fácil para todos los grupos, vulnerables o no.

*Es estudiante de Relaciones Internacionales en el ITESM campus Guadalajara