Por Moisés Navarro

El estado de la escultura amarilla es lamentable: El cableado interrumpe la visualización limpia de este pobre animal volador; además, los grafiteros han hecho placas malhechotas en las partes bajas de sus muros/Fotos: Cortesía
Sobre avenida Arcos, en su cruce con Inglaterra, una escultura amarilla pasa desapercibida. El ajetreo del tránsito diario, los migrantes que caminan por ahí y que piden dinero en aquel cruce parecen tener más notoriedad. El abandono de aquella escultura no sólo producen olvido, también da lugar a las más extrañas interpretaciones. Algún camarada me dijo que parecía una especie de cuchillo que había olvidado Godzilla en alguna lucha contra un monstruo radioactivo que se escondía en la laguna de Chapala.
El comercio del lugar que se concentra alrededor es variado: tortas ahogadas, tiendas de textiles, imprentas, venta de ensaladas, botanas, uniformes, uniformes de tallas extras.
Ahora mismo una fuerte tormenta inicia: las envolturas de porquerías tiradas en el suelo y en el pasto se dirigen al arroyo vehicular. Una camisa color morado no es recogida por el migrante que pide dinero a los automovilistas. El tipo va a refugiarse a los árboles que están sobre avenida Inglaterra. Los comerciantes dejan sus cigarros y se meten a sus respectivos locales.
Me acerco a leer la placa de la escultura. Informa que se llama ‘El pájaro de fuego’. La inscripción dice:
“Esta escultura monumental es obra del artista Mathias Goeritz con la colaboración del arquitecto Luis Barragán Morfín. Su propósito era funcionar como monolito de bienvenida a la colonia Arcos sur. Se elaboró en 1957 y es la representación de un ave que expande sus alas al hacia el cielo”.
Aún no he dado con los responsables de hacer las placas de los lugares icónicos de Guanatos para darles su coscorrón correspondiente, pues luego de revisar la Guía Roji, Google maps, y el plan parcial de la zona, me di cuenta –como muchas otras personas debieron de hacerlo sin necesidad de revisar tantos sitios– que la colonia no es Arcos Sur, es Jardines del Bosque. Yo creo que se les antojó cambiarle de nombre porque estaban en avenida Arcos y estaban mirando al sur.
No hay mayores detalles acerca de la escultura en dicha placa que gusta recalcar lo obvio. En internet encuentro que mide 15 metros de longitud por 12.50 de altura. En el periódico de mayor tradición tapatía le llaman “pájaro de concreto”
Una fotografía muestra el vacío alrededor de la escultura, lo cual resaltaba su significado y le ayudaba a la vista paisajística que debería mantener, pues el amarillo debería insertarse de forma natural con el azul del cielo. El paisaje remataba con la glorieta Arcos, que era, en cierta forma, una propaganda del agua existente en aquel lugar.

Mathias Goeritz, el artista alemán que radicó en Guadalajara y colaboró en la UdeG con el arquitecto Díaz Morales, realizó otro trabajo con el afamado arquitecto Luis Barragán en otro proyecto en la Ciudad de México: las Torres Satélite
Mathias Goeritz, el artista alemán que radicó en Guadalajara y colaboró en la Universidad de Guadalajara con el arquitecto Díaz Morales, realizó otro trabajo con el afamado arquitecto Luis Barragán en otro proyecto en la Ciudad de México: las Torres satélite.
El estado del pájaro de fuego es lamentable. El cableado interrumpe la visualización limpia de este pobre pajarillo. Además, los grafiteros han hecho placas malhechotas en las partes bajas de sus muros.
En fin, esta escultura, con el triángulo como elemento principal, fue realizada por los años cincuenta, al igual que la Minerva y la Rotonda de los hombres ilustres. Por algún motivo al pájaro decidieron desatenderlo, a pesar de haber sido realizado por los ilustres Goeritz y Barragán. Y mientras el gran líder sin cabello de Guadalajara invierte una cantidad exorbitante de dinero en reparar la Minerva, el Pájaro de fuego implora que le manden, ya de perdida, a algún jardinero para que le den una podadita a su zacate de más de treinta centímetros.
