Por Moisés Navarro*

Estoy parado sobre la calle Santa Mónica, en el cruce con Juan Álvarez, una cuadra antes del Santuario. Está una farmacia llamada La Guadalupana, enfrente la birrieria El Chino. No pasa nadie a pie. Debe ser una de las esquinas más aburridas de Guadalajara. Avenida 16 de Septiembre está cerrada debido a la construcción de la línea 3 del tren ligero y las rutas de transporte público que van hacia el sur toman este camino. Veo pasar unidades de la ruta 633, y de la 636. Ninguna lleva mucha gente ni están por completo vacías.

En esta esquina, quizá por la existencia de la farmacia, no están los dealers de muestras de medicamentos, los cuales, sobra decir, abundan por esta zona.

No estoy aquí para observar el desvío de tráfico por las obras del tren; tampoco para hacer una investigación sobre el comercio ilegal de medicinas. Vine a ver una finca en específico: la 510, que según el libro conmemorativo de la embotelladora La Favorita fue donde comenzó todo. El libro dice que la finca estaba ubicada entre las calles Juan Álvarez y Manuel Acuña. Sin embargo, la casa que tiene ese número está entre Juan Álvarez y Hospital. Conserva el estilo antiguo, propio de inicios del siglo XX, no ha sido subdividida, y la modificación más significativa que contiene es una cortina en donde está el garaje. Tengo un poco de suerte: la cortina está abierta, veo un carro de cinco plazas color blanco y un par de estantes con libros viejos. Por las ventanas de la casa se observa un decorado conservador, con muebles viejos, pero bien cuidados, cuadros de paisajes, y una vitrina.

Me muevo a la siguiente cuadra, necesito constatar la información del libro, que lo dice claramente: Calle Santa Mónica, entre Juan Álvarez (antes Alonso) y Manuel Acuña (antes Soto). La finca en cuestión debe tener cochera pues ahí guardaban las carretas y las mulas que eran las que distribuían el refresco. Frente a la parroquia de Nuestra inmaculada Concepción veo una casa con estas características: es de color hueso, no se puede ver hacia su interior, pero tiene un problema: es de dos plantas y no corresponde al tiempo en que se instaló la embotelladora. Me quedo en las mismas. No estoy seguro de cuál de las dos casas sea la correcta.

Carlos García Arce, procedente de Aguascalientes, trabajaba en el parque Agua Azul vendiendo nieves de sabores a finales del siglo XIX. Dejó las nieves y comenzó a trabajar en una planta de refrescos y rápido se volvió superintendente. Su patrón –de apellido Pérez Arce– fallece y Carlos García se independiza. Es el año de 1907.

Los sabores producidos por La Favorita eran: naranja, limón, sidra, crema de durazno, ginger ale, manzana, lima-limón y chocolate.

En 1917 se vuelven oficialmente una embotelladora y en 1921 se mudan a un local en la Calzada Independencia en su cruce con Juan Manuel, enfrente del Parque Morelos. Esa esquina está ocupada ahora por los pollos secos y grasosos del ancianito de Kentucky.  En aquel local contaban con una planta de gas carbónico y con una fábrica de hielo, novedades para la época y para la ciudad.

La empresa refresquera que aparenta promocionar a la felicidad adquirió la planta con todo y empleados y García Arce en 1929. Los nuevos refrescos no fueron muy bien recibidos por los tapatíos, quienes todavía preferían las aguas frescas y las nieves raspadas. Para promocionarse y ganar adeptos contrataron al famoso anunciante de la ciudad: José Francisco López “Polidor”, creatura urbana que ha conseguido quedarse en la memoria de los jaliscienses. “Polidor” iba en su carro jalado por mulas gritando anuncios con rimas inventadas por él mismo. “Cola, cola, quiero mi coca-cola” fue la publicidad que se inventó para esta empresa.

El protagonista de toda esta aventura muere en el año de 1934 y el control de la embotelladora pasa a Emilio Castellanos Ochoa. En 1935, el hermano de Carlos, Abelardo García Arce, fundó La Pureza. Ahí aparecen el Sidral, el Orange Crush y el Squirt (su producto más exitoso). En 1948 aparece la Embotelladora Aga. Después ambas empresas se fusionan. Actualmente, la embotelladora con sede en avenida Moctezuma y Clouthier alberga al agua Bonafont. Abelardo García Arce muere en 1974.

La Favorita se mueve de lugar en 1954 a avenida Vallarta y Yaquis (ahora Juan Palomar). No existía nada más que campo en ese entonces. Las fábricas debían mantenerse afuera de la mancha urbana. Los Arcos de Guadalajara apenas tenían unos años de construidos. La Minerva estaba por llegar. El inmueble albergó muchos otros negocios como a la tienda de ropa Atlética, alguna vez marca maquiladora de casi todos los equipos de futbol de primera división.

Ahora está un edificio enorme que abarca toda la manzana. Un edificio que se ajusta al cliché actual de las construcciones altas de estos días (comercios, franquicias, locales, más departamentos de lo que la infraestructura puede soportar). SANIA es el nombre del desarrollo “Mi mundo propio” es el eslogan más irónico que real.

La última planta se instaló en avenida López Mateos, en la colonia Las Fuentes. La ciudad, otra vez, la alcanzó y la rebasó. También lo hizo con sus otras plantas de distribución (Calzada Independencia y Periférico, Tlaquepaque). En algún momento, la ubicación de esta empresa parecía mostrar algún límite de la ciudad. Era normal que sucediera con cierto tipo de industrias. Por estos días de desarrollos hechos en serie y con urgencia, el ordenamiento territorial, y los límites físicos e imaginarios ya no significan gran cosa. Están un día; al siguiente se evaporan.  Eso sí: los refrescos nunca desaparecen.

*Colaboración especial